- Lograr auto-asistirse.
- Detectar nuestras debilidades para trasformarlas en fortalezas.
- Identificación nuestro potencial.
- Aprender a tener conciencia de mi propio valor.
- Comenzar a aceptarte! Tal cual soy.
¿Qué es la Autoestima?
Es la conciencia de mi propio valor. No es racional. El valor que tengo de mí mismo. Como un auto-respeto.
Todos los comandos están relacionados. Respecto de la Visión, cada uno tiene una, algo que quiere alcanzar, tenemos un querer.
¿Cómo se relaciona la Autoestima con la Visión?
Sin Autoestima, o con Baja Autoestima, es difícil llegar a algo que quiero a futuro. Si no tengo valor de mí mismo, no voy a lograr la visión que me proponga porque considero que no voy a llegar.
De acuerdo a esto veremos como son las personas con diferentes niveles de Autoestima.
¿Cómo quieres SER? -Raúl Esteban Miranda.-
LA AUTOESTIMA EN LA VIDA HUMANA
“El peor de los males que le puede suceder al hombre es que llegue a pensar mal de sí mismo”, escribió Goethe. Sí bien es probable que su intención fuera desafiar ciertas creencias religiosas, su frase reconocía una profunda verdad acerca de la naturaleza humana.
La barrera que representa el mayor obstáculo para los logros y el éxito no es la falta de talento o habilidad, sino, mas bien, el hecho de que aquellos, llegado a cierto punto, se vean excluidos del autoconcepto, la propia imagen de quienes somos y qué es apropiado para nosotros. La mayor de las barreras para el amor es el secreto temor de no ser digno de ser amado. La peor barrera para la felicidad es la indescriptible sensación de que la felicidad no es el destino adecuado para nosotros. En esto, expresado en términos simples, reside la importancia de la autoestima. Así que debemos comenzar por comprender lo que significa autoestima.
Lamentablemente, al igual que ocurre con muchas otras palabras en psicología, no existe una definición que cuente con el consenso general. Tampoco es correcto suponer que todos sabemos lo que quiere decir. Sí le preguntáramos a alguien lo que significa autoestima, podríamos recibir las siguientes respuestas: “Me siento competente, seguro de mí mismo”, o “Me gusto”, o “Quiere decir pensar que soy superior a otras personas”. Las dos primeras respuestas no serían incorrectas, pero sí incompletas; la tercera sería absolutamente falsa.
No todos los que no se sienten competentes en la realización de alguna tarea en particular, cómo pilotar un avión, diseñar un programa de ordenador o llevar adelante un negocio, sufren necesariamente una impresión de baja autoestima. Pero una persona físicamente sana, que se sienta inadecuada para afrontar los desafíos normales de la vida, como ganar su propio sustento, padece de escasa autoestima. Tampoco podemos afirmar que carezca de una adecuada autoestima el individuo que se siente desmerecedor de algún premio u honor especial, como el Premio Nobel o el reconocimiento universal, por haber grabado una sencilla canción romántica. En cambio, aquel que no se siente merecedor de felicidad, que no se siente digno de ninguna alegría o recompensa en la vida, sin duda tiene falta de autoestima.
La autoestima es un concepto inherente a una sensación fundamental de eficacia y a un sentido fundamental de mérito, a la idoneidad y a la dignidad en principio. en principio. “Tengo confianza en mí mismo para hacer las elecciones y tomar las decisiones que guiaran mi vida” es muy diferente, en términos de autoestima, de “Me siento muy seguro para afrontar los problemas planteados por la biología molecular”. “Me siento con derecho a hacer valer mis legítimos deseos y necesidades” es muy distinto a “Tengo derecho a recibir 10 millones de dólares”.
Puede comprenderse mejor el concepto de elevada autoestima como la suma integrada de confianza en sí mismo y respeto de sí mismo. La confianza en sí mismo confianza en si mismo es la conciencia que evalúa la eficacia de sus propias operaciones cuando está abocada a la tarea de comprender la realidad y desenvolverse en ella. ¿Soy competente para discernir? ¿Soy competente para elegir? ¿Para señalar el curso de mi vida? ¿Para satisfacer mis necesidades? El respeto de sí mismo es el sentimiento de mérito personal. ¿Es posible que sea feliz? ¿Que resulte digno de ser amado? ¿Que sea tratado con respeto? ¿Que a mis allegados les importen mis deseos y necesidades?
En resumen, la autoestima es una evaluación de mi mente, mi conciencia y, en un sentido profundo, de mi persona. No se trata de una evaluación de determinados éxitos o fracasos, tampoco de determinados conocimientos o habilidades. Es decir, puedo estar muy seguro de mí mismo en el nivel fundamental, y sin embargo sentirme inseguro de mis capacidades en situaciones sociales específicas. De la misma manera, puedo desenvolverme bien en el trato social y, aun así, ser inseguro y dubitativo en mi interior.
Mas aun, puedo ser amado por todo el mundo y no amarme a mí mismo. Puedo ser mundialmente admirado y, sin embargo, no admirarme. Pueden considerarme brillante, pero yo pensar que soy intelectualmente nulo.
Puedo ser una persona de grandes éxitos y aun así sentirme un fracaso, por no haber cumplido mis propias expectativas.
Según veremos más adelante al considerar los factores que enaltecen o disminuyen la autoestima, el hecho de cumplir las propias expectativas es una condición esencial para una alta autoestima. Resulta falsa la noción de que la autoestima es simplemente una función de cómo nos ven y evalúan los demás.
En párrafos anteriores, he dicho que la autoestima positiva significa sentirse competente para vivir y merecer la felicidad o, para expresar lo mismo de un modo un tanto diferente, ser adecuado para la vida y sus exigencias y desafíos. Sería mas preciso decir que la autoestima positiva consiste en la disposición disposi-cion a sentir de este modo, ya que, como ocurre con cualquier otro sentimiento o estado, no se experimenta siempre con igual intensidad. La autoestima es un encauzamiento hacia el sí-mismo. Este representa el esencial fundamento de la concien- fundamento de la conciencia, fundamento de todas las experiencias particulares: el único concepto crucial que debe comprenderse sobre su función en la psicología humana.
Sentirse competente para vivir significa tener confianza en el funcionamiento de la propia mente. Sentirse merecedor de la vida quiere decir tener una actitud afirmativa hacia el propio derecho de vivir y ser feliz.
En contraposición, tener una baja autoestima es sentirse inapropiado para la vida, inadecuado, no acerca de un tema o conocimiento, sino inadecuado como persona, inadecuado corno persona, inadecuado en la propia existencia, y responder a los desafíos y alegrías de la vida con un sentimiento fundamental de incapacidad y desmerecimiento.
Por supuesto, podemos preferir juzgarnos por criterios relativamente superficiales como el éxito o fracaso en determinadas tareas, o nuestra capacidad de obtener amor, admiración o aprobación, entre otras cosas. Pero hacer esto ya significa tener un problema con la autoestima, como veremos al tratar la seudoautoestima.
No obstante lo cual, las personas que más tendemos a admirar son, precisamente, aquellas que logran mantenerse leales a su propio punto de vista, a pesar de no contar con demasiado apoyo, ni con la comprensión o aprobación de los demás, debiendo afrontar la hostilidad y la oposición. Cuando vemos a personas poseedoras de una seguridad fundamental en sí mismas que permanece relativamente intacta ante las vicisitudes de la vida, percibimos la presencia de un mérito psicológico inusual; no siempre nos damos cuenta de que estamos frente a casos de alta autoestima.
En el mismo grado en que confiamos en la eficacia de nuestra mente, perseveramos al enfrentarnos con desafíos difíciles o complejos, además de que, si reafirmamos y reforza-mos nuestra sensación de eficacia, tenemos mas posibilidades de triunfar que de fracasar. La elevada autoestima busca el estímulo de objetivos difíciles. En tanto dudamos de la eficacia de nuestras mentes, dejamos de perseverar. De este modo, reafirmando la autoevaluación negativa, nos será más fácil fracasar que triunfar. Es típico de la baja a autoestima buscar la seguridad de aquello conocido y que carece de exigencias.
Consideremos el caso de dos personas que trabajan en la misma oficina. La primera intenta aprender todo lo concerniente al trabajo para el cual ha sido contratada, en constante búsqueda de nuevos conocimientos y maneras más efectivas de realizar las tareas que se le han encomendado. La segunda se preocupa principalmente por no equivocarse para no llamar la atención con sus errores; por lo demás, opta por pasar desapercibida con el menor esfuerzo posible; para ella, un trabajo es un refugio, no una oportunidad. La primera no se sentirá desconcertada por el éxito; la segunda quizá confiese sentirse apabullada por su fracaso.
Sí gozamos de una buena autoestima, en vez de sentirnos amenazados por ese mismo rasgo en otras personas, sabremos valorarlo. Las personas con baja autoestima terminan en compañía de las de su especie; el miedo e inseguridad compartidos reafirman la autoestima negativa.
Del mismo modo, si nos sentimos dignos de ser amados y merecedores de respeto, trataremos bien a los demás y esperaremos que nos traten bien. Pero si nos sentimos indignos de amor y desmerecedores de respeto y nos tratan con desprecio, lo soportaremos y creeremos que es nuestro destino.
La baja autoestima tiende a generar depresión y ansiedad. Si nos sentimos significativamente carentes de eficacia y valor, casi con seguridad sentiremos que la existencia es aterradora e infructuosa.
Por otro lado, si bien una buena autoestima es sólo uno de los elementos necesarios para alcanzar la felicidad y no garantiza indefectiblemente la felicidad en sí misma, el hecho de tener un elevado nivel de confianza en sí mismo y respeto de sí mismo se encuentra íntimamente relacionado con la capacidad de disfrutar de la vida y hallar fuentes de satisfacción en nuestra existencia.
La alta autoestima representa una poderosa fuerza al servicio de la vida.
Es necesario distinguir el concepto de autoestima positiva del de orgullo, ya que a menudo se confunden. La autoestima, como hemos visto, atañe a la convicción interior de nuestra eficacia y valor fundamentales. El orgullo tiene que ver con el placer más explícitamente consciente que nos producen los logros o acciones específicas que alcanzamos. La autoestima positiva está representada por el “puedo”; el orgullo, por el “tengo”. Y el orgullo más profundo que podemos sentir es el que proviene de la adquisición de autoestima, ya que se trata de un valor que no solo ha de ganarse, sino conservarse.
El orgullo es una experiencia emocional positiva, al igual que la autoestima. No es un vicio que hay que superar, sino una virtud que se debe adquirir: una forma de respetar el sí-mismo. Sin embargo, sí coincidimos con la tendencia que considera a los seres humanos indignos por naturaleza (por ejemplo, sí pensamos en la humanidad en términos de “infelices pecadores iguales a los ojos de Dios”), por supuesto, hablaremos del “pecado del orgullo” y advertiremos que “el orgullo conduce a la perdición”. Pero ésta es una perspectiva que no comparto; en realidad, me parece malintencionada y ajena a la vida misma.
¿Se puede tener un nivel de autoestima exagerado? No, si entendemos que estamos hablando de auténtica autoestima, una experiencia orgánica genuina, y no de una falsa y desmedida autovaloración que tiene como finalidad ocultar una deficiencia.
A nadie se le ocurriría preguntar: “¿Se puede disfrutar de buena salud con exageración?” La salud es algo que deseamos sin limitaciones. Lo mismo ocurre con la autoestima.
La genuina autoestima no es competitiva ni comparativa.
La genuina autoestima no es competitiva ni comparativa. Tampoco se expresa la genuina autoestima a través de la autoveneración a expensas de los demás, ni de la intención de llegar a ser superior a los demás o de despreciar a otros para exaltarse a uno mismo. La arrogancia, la petulancia y la sobre-estimación de nuestras habilidades, lejos de reflejar un elevado nivel de autoestima, como suele imaginarse, muestran una autoestima inadecuada.
En los seres humanos, el hecho de alegrarse con la mera existencia representa la esencia de una autoestima saludable. Se trata de un estado en el que no se está en conflicto ni con el sí-mismo ni con el prójimo.
Cuando conocemos a una persona, una de las primeras impresiones o juicios que solemos formarnos tiene que ver con la propia valoración de esa persona, aunque generalmente no nos damos cuenta de ello. No siempre estamos en lo cierto, por supuesto, y muchas veces reconsideramos nuestra opinión cuando llegamos a conocerla mejor. Pero, desde el principio, casi como los animales, intuimos el nivel de bienestar y conformidad con el sí-mismo de quienes nos rodean, el nivel de confianza en sí mismo y respeto de sí mismo de nuestro prójimo. La forma en que respondemos no solo depende del nivel de autoestima de la otra persona, sino del nuestro propio.
Debido a que este proceso de evaluación suele ser subconsciente, al menos en gran medida, incluso para los psicoterapeutas, me sentí impulsado por el desafío de enunciar siquiera parte de los criterios evidentes por los que juzgo a una persona cuando no conozco los detalles íntimos de su vida.
Deseoso de comparar mis criterios con los de otros profesionales, solicite respuestas de psicó1ogos pertenecientes a un espectro intelectual bastante amplio: desde psicólogos trans-personales a psicólogos humanísticos, psicoanalistas, clínicos con orientación hacia la terapia del comportamiento. Descubrí una gran coincidencia, sí bien cada individuo, inevitablemente, enfatizó diferentes rasgos o características.
La lista que ofrezco a continuación describe una serie de comportamientos que suelen identificarse fácilmente y son propios de la autoestima positiva.
1. El rostro, modalidad, forma de hablar y de moverse de un individuo proyectan la felicidad de estar vivo, una simple fascinación por el hecho de ser.
2. El individuo es capaz de hablar de logros o traspiés de forma directa y honesta.
3. El individuo se siente cómodo al ofrecer o recibir halagos, expresiones de afecto, aprecio y demostraciones similares.
4. El individuo esta abierto a la critica y no tiene problema a la hora de reconocer los errores.
5. Las palabras y movimientos del individuo evidencian tranquilidad y espontaneidad.
6. Existe armonía entre lo que el individuo dice y hace y su apariencia, modo de hablar y de moverse.
7. El individuo exhibe una actitud de apertura y curiosidad frente a nuevas ideas, experiencias y posibilidades de la vida.
8. El individuo es capaz de ver y disfrutar de los aspectos humorísticos de la vida, en sí mismo y en los demás.
9. El individuo proyecta una actitud de flexibilidad al reaccionar ante situaciones y desafíos, un espíritu de inventiva y hasta de diversión.
10. El individuo muestra un comportamiento asertivo (no beligerante).
11. El individuo conserva una actitud de armonía y dignidad incluso en condiciones de estrés.
Por supuesto, esta lista no pretende ser exhaustiva y no todas las personas que tienen una elevada autoestima exhiben cada uno de estos rasgos en el mismo grado: no obstante, podemos afirmar que la lista refleja algunos de los indicadores esenciales por medio de los cuales es posible evaluar cómo se siente un individuo consigo mismo.
Reaccionamos a la suma total de lo que presenta una persona. Por ejemplo, alguien de postura relajada y bien equilibrada, pero de mirada dura y permanentemente fija, nos habla de una historia conflictiva. Nunca un rasgo o característica por sí solo, juzgado fuera de contexto, resulta concluyente.
Para completar la expresado anteriormente, existen indicadores específicamente básicos del nivel de autoestima de una persona (sujetos a las mismas aclaraciones hechas en el párrafo anterior con respecto a los indicadores psicológicos).
Estos son:
1. Ojos despiertos, brillantes, vivaces.
2. Rostro relajado que exhibe un color natural y una piel tersa (salvo casos de enfermedad).
3. Mentón erguido de manera natural y en armonía con el cuerpo.
4. Mandíbula relajada.
5. Hombros relajados y erguidos.
6. Manos relajadas, agraciadas y tranquilas.
7. Brazos que cuelgan de modo relajado y natural.
8. Postura relajada, erguida, bien equilibrada.
9. Andar resuelto (sin ser agresivo ni altivo).
10. Voz modulada con intensidad adecuada a la situación y pronunciación clara.
Vemos que el tema de la relajación se repite una y otra vez. Esta actitud implica que el individuo no se oculta, ni esta en conflicto con su interlocutor, mientras que la tensión crónica lleva en sí un mensaje de cierta forma de división interna, de autonegación o autocondena, cierto aspecto del sí-mismo rechazado o muy conflictivo.
La voz humana suele ser un indicador profundamente elocuente del nivel de autoestima de un individuo. Las personas que tienen una alta autoestima están dispuestas a hacerse responsables de lo que dicen; por lo tanto, desean ser oídas, por lo que tienden a hablar con claridad, no innecesariamente en voz alta o de una manera agresiva. Su modo de hablar resulta apropiado.
Comprender la importancia de la autoestima en la vida humana es más fácil que comprender la esencia de ésta. ¿En primer lugar, por qué surge la necesidad de tener autoestima? Los animales inferiores al ser humana no tienen esta necesidad. ¿Por qué no ocurre lo mismo con nosotros? ¿Qué elementos distintivos de nuestra naturaleza dan origen a esta necesidad? ¿Por qué debemos juzgarnos?
No podremos comprender totalmente el significado de la autoestima hasta haber resuelto estos interrogantes. No es posible apreciar el criterio según el cual ha de evaluarse la autoestima – ni el proceso por el que la creamos o reconstruimos – hasta comprender las raíces de la necesidad, las razones que dan lugar a que ésta exista.
Las razones distan de resultarnos evidentes y, sin embargo, en toda la literatura psicológica, ni siquiera he encontrado referencias al problema.
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