Encontrar tiempo para el niño significa exactamente eso. Habitualmente tratamos de hacemos de tiempo.
Nos hacemos (o conseguimos) tiempo para cualquier cosa menos para estar con nuestros hijos.
Para la mayoría de nosotros, ese tiempo libre sólo se encuentra al lado del cuenco de oro que
aguarda al otro lado del arco iris. Como resultado, lo que se resiente es nuestra relación con
los hijos. El tiempo especial es un lapso preestablecido: el tiempo para que el niño esté con usted.
Un niño más un padre. ¡Es un tiempo del niño! ¡Él decide que hacer, cuándo hacerlo e incluso si quiere hacerlo o no!
Con adolescentes suele ocurrirlo último. Cuando se les presenta la idea de un tiempo especial junto a sus padres,
los hijos mayores suelen desechar la idea calificándola de "estúpida". Si usted tiene hijos adolescentes, no necesita
darle un nombre especial al tiempo especial. ¡No lo denomine de ninguna manera! El tiempo "especial' es un rótulo
atractivo para los niños pequeños, pero probablemente el adolescente se le eche a reír en las narices. Sin embargo,
aun ellos pensarán que es bueno hacer prácticas para conducir el auto, o ir a almorzar a algún sitio agradable,
a pasar una tarde en el río, en la costa, en el campo de fútbol o escuchando un concierto. Los hijos de toda edad no
tardan en valorar el tiempo transcurrido con sus padres tanto corno la actividad que realizan juntos.
El tiempo especial es un marco íntimo dentro del día, reservado para el aliento de padre e hijo.
Usted está incondicionalmente a disposición del niño al margen de la conducta que él haya tenido durante
la jornada. Es su oportunidad de enseñar al niño que es bueno tal como es. Sin embargo, usted no está obligado a
perseguir al hijo con tal de pasar un tiempo especial. Su obligación reside en ofrecerle ese tiempo, no en
garantizar que él acepte. Ni tampoco debe acceder a un pedido irrazonable. Si su hijo le pide que viaje dos kilómetros
hasta cierta heladería y que le traiga un helado, olvídelo. Por otra parte, si el niño le pide que lo acompañe hasta
una heladería para tomar un sundae de frutas, es un pedido razonable en tanto el padre esté dispuesto a gastar el
dinero y el niño esté dispuesto a convidar.
Por Frank Main
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