EL MISTERIO DEL AMOR:
un misterio orientado hacia la alegría
El amor es más que una atracción corpórea. Es más, incluso, que la fuente de la fecundidad
para la perpetuación de la raza humana. El amor es el lugar de la plenitud
de la madurez humana en el encuentro interpersonal.
El amor es el ámbito de la alegría.
Es menester que sigamos navegando en el mar de la adolescencia, intentando definir lo que es el amor.
En el capítulo anterior decíamos que el misterio del amor está orientado a la fecundidad, porque a través de él,
varón y mujer se complementan para
proyectarse, desde la profundidad insondable de su encuentro íntimo, hasta la plenitud de una nueva vida.
Pero en el plan de Dios el amor ocupa un lugar aún más vasto.
En efecto es necesario que el niño que llega al mundo haga su advenimiento en un ámbito adecuado, en un lugar
lleno de tibiezas y seguridades.
El niño que llega al mundo no sólo necesita alimento. Precisa también que este pan sea pan familiar.
¿Por qué es diferente el amor humano a todo otro tipo de atracción que se verifica en los demás seres vivos? Simplemente porque el hombre es el único ser corpóreo que tiene espíritu, y el espíritu se nutre de realidades espirituales, así como el cuerpo necesita de aire y alimentos.
Pues bien: el amor es el principal sustento del espíritu. Y el espíritu se planifica y se alegra en presencia del amor, como causa alegría la abundancia de alimentos en la mesa familiar.
El niño necesita y celebra el amor de sus padres
para con él. Los padres se llenan de alegría ante
las demostraciones de amor que sus hijos les prodigan.
También nos alegra el amor de aquellas personas que
considerarnos valiosas en nuestras vidas. Personas
cercanas en el afecto: hermanos, amigos, familiares,
educadores, alumnos.
La certeza del amor de Dios, que 'amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna, también colma de alegría al corazón del creyente,
Es que el amor tiene esta capacidad primordial. Es fuente de alegría tanto para el que ama como para el ser amado.
Por eso también en la relación de pareja el amor provee de una alegría inmensa, ineludible, entusiasmada y entusiasmante a uno y al otro de sus miembros.
Y este es un dato esencial del amor, y como tal propio y necesario. No es algo accesorio. Forma parte de la naturaleza íntima de esta realidad, y no puede reducírsela,'o negarla, o despreciarla.
El lenguaje del amor de pareja, cuando este amor ha madurado y se sabe auténtico, pleno y comprometido, involucra también a la sexualidad.
Este lenguaje del amor está pues llamado a ser fuente de alegría, de felicidad, de plenitud espiritual, psíquica y física.
La sexualidad del hombre y la mujer les permite a ambos acceder a lo más importante a lo que puede aspirar un matrimonio: la llegada de los hijos. ¡Pero no es menos cierto que a través de la sexualidad el hombre y la mujer que se aman y que están unidos en el sacramento del matrimonio experimentan la alegría enorme de la entrega corpórea que, al estar colmada de amor y abierta a la posibilidad de la vida, se despliega de manera total y comprometida!
Cierta forma de pensar, que felizmente va desapareciendo con rapidez, reducía el amor genital en la pareja sólo a su dimensión reproductiva, como si su carácter de lenguaje de ternura e intimidad fuera impropio de la dignidad humana. Pero esto es un error. Constituye un dato de la naturaleza misma del amor humano, y por ende algo querido por Dios, que la pareja en matrimonio encuentra felicidad en el amor, e incluso en el amor sexual. Es por ello legítimo y bueno buscar y experimentar la alegría de este amor, aun cuando no se esté procurando la gestación de un hijo.
Por esta razón podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el misterio
del amor también está orientado a hacer más plena la
vida de la humanidad a través de la alegría del encuentro
total, en el seno de la pareja que se ha convertido
en familia con la bendición de Dios en el sacramento
del matrimonio.
Por Raúl Llusá
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