En un mundo que exige acción concreta, cabe preguntarse qué puede aportar el estudio de la Diosa.
¿Para qué sirve enterarse de cuáles fueron las epifanías de lo Divino Femenino que la humanidad adoró
en el pasado, o que aún adora en enclaves primitivos" o en culturas diferentes de la nuestra, a través
de brechas del autoritarismo patriarcal?
Una de las respuestas es que muchas mujeres estamos viviendo experiencias parecidas, estamos
descubriendo que las cosas que vivimos como "rarezas" personales, o como misteriosas extravagancias
sustentadoras de nuestra secreta identidad, fueron también vividas por otras mujeres que ahora las
comunican plasmadas en libros o en imágenes. Y un estudio como éste puede ayudar a ese descubrimiento,
y a que nos sintamos integradas a algo más grande que nuestra propia biografía: un movimiento masivo de
recuperación humana, en el que las hembras de la especie estamos haciendo las veces de canales de
recepción y transmisión de una fuerza femenina, restauradora y regenerativa.
Eso en sí ya proporcionaría un alivio a la dolida mujer individual, que no encuentra su ubicación
simbólica ni concreta en un mundo androcéntrico donde lo femenino, si es que cuenta para algo,
es secundario. Pero hay una segunda respuesta que apunta más hacia lo individual, y a la necesidad de
contar con herramientas para la propia sanación.
La tipología femenina desarrollada a partir de los aspectos de la Diosa, abre extraordinariamente el
espectro de posibilidades de la mujer de hoy; esta mujer de fines del milenio que busca salirse de los
moldes rígidos de una cultura que mantiene a raya las potencias de lo femenino, incompatibles por
definición con el tipo de mentalidad que nos ha traído hasta el actual punto de crisis.
Los diez modelos de mujer o ginotipos que ya es posible empezar a describir, se inscriben
naturalmente en el estudio del gran tema del momento: el surgimiento de lo Femenino Consciente,
un arquetipo desconocido que está brotando de lo más hondo de la psique y haciéndose sentir de
diversas maneras, una de ellas el llamado Retorno de la Diosa".
No cabe duda de que analizar las posibilidades de lo femenino alguna vez asumidas por
mujeres concretas del prepatriarcado, o quizá intuidas simplemente por los pueblos
veneradores de la Diosa y proyectadas como sus atributos, puede contribuir a hacer consciente
un género que hasta ahora sabe poco acerca de sí mismo. No tenemos por ahora otros indicios para saber
qué es ser mujer.
Por Ethel Morgan
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