Aunque los autores de la encuesta señalan que
la muestra es "sesgada", tal que representa
a un universo acotado a 120 empresas líderes
y 907 casos entrevistados, podemos aventurar una extrapolación
de las conclusiones obtenidas al universo laboral y
considerarlas representativas de un aspecto crucial
de las relaciones laborales: la cultura de interacción
con nuestro jefe.
Siguiendo las conclusiones del artículo, la
naturaleza del vínculo con el jefe es de naturaleza
personal-emotiva. Cuando se dan este tipo de vínculos
en un entorno de ascendencia, el molde vincular básico
que sirve de referencia es la relación padre-hijo.
En resumidas cuentas, el jefe tiene que actuar como
"padre nutricio", es decir; formulando los
límites orientándolos hacia el desarrollo
en lugar de la intimidación, encarnando la misión
a tal punto que "la misión es el jefe",
a contraposición de "el jefe es la misión"
como ocurre en EEUU. Ello requiere testimonio y coherencia
a toda prueba, mucho más allá que esta
última versión donde la misión
"está afuera".
Esta exigencia mayor de coherencia puede parecer una
pesada carga a todos aquellos que somos jefes.
Debe ejercerse en todas las circunstancias y en todos
los planos. Comprende desde la consulta acerca de problemas
personales (que debe ser cuidadosamente atendida) hasta
los fenómenos de contagio: ser jefe vincular
y recíproco como nos exige nuestra cultura, significa
irradiar estados de ánimo. Un gesto adusto puede
contagiar melancolía, un rictus de amargura paranoia
y un semblante fresco puede sembrar esperanzadora vitalidad.
A propósito, Ud. como jefe ¿Cuida la expresión
de su rostro? (¿"Administra" su rostro?).
En este sistema, aunque le parezca irónico, la
administración empieza precisamente por ahí.
Si el jefe no administra su propio rostro, qué
le podemos pedir.
El jefe vincular y nutricio administra el clima a partir
de su propio clima interior. No puede ser desaprensivo,
debe sostener el sistema de "caricias" reconociendo
al otro, en primer lugar como persona. Debe apostar
a su desarrollo, incondicionalmente. Debe proveer dignidad
en cada ocasión en términos de significado.
Debe preconizar valores, ser leal a ellos, convertirlos
en realidad y sostenerlos en el día a día.
Debe evitar la propensión a la idealización,
sobre todo cuando las personas a su cargo (como el caso
de los adolescentes) son propensas a procesos de identificación.
Para ello debe admitir las confrontaciones que adecuadamente
resueltas maduran el compromiso.
¡Menuda tarea! ¿Quién quiere ser
jefe? ...........(silencio).
Pero para aquellos que ya lo son (y todos siempre lo
somos en alguna medida aunque no nos lo propongamos),
tenemos que saber que burlar a esta especie de contrato
implícito, significa descrédito, desatención,
improductividad, errores, ausentismo, accidentes, vandalismo,
fatiga, desmotivación, desgano, desagrado, indisciplina,
desaliño... en fin, todo el repertorio de las
plagas que cosecha un jefe perdedor.
DE QUE DEPENDE EL CLIMA LABORAL
El jefe, en primer plano
Un sondeo revela que la actitud del jefe es
clave · Valoran su estrategia y el trato
Quizá porque en tiempos de crisis existe una
generalizada sensación de estar en un barco a
la deriva, el clima laboral depende ahora mucho más
que antes de la actitud del jefe.
Para el 85% de los empleados de alto rango, el jefe
debe tener la visión del negocio, fijar el rumbo
y ser como el capitán de barco: capaz de hundirse
y de volver a surgir. Los ejecutivos también
valoran del jefe la libertad que les otorgue para decidir.
Los operarios, en cambio, piden otra cosa. Para ellos
el verdadero aliciente es que los tengan en cuenta y
que el jefe sea honesto, justo y responsable.
Esta es una de las conclusiones de una reciente encuesta
de RHO (Recursos Humanos y Organización) en 120
firmas líderes con más de 300 empleados
en relación de dependencia. El tamaño
de la muestra fue de 907 casos.
Los encargados del sondeo explicaron a Clarín
que precisamente por tratarse de las mejores empresas
y de los mejores empleos la muestra que midió
el clima laboral no reflejó los efectos devastadores
que produce la desocupación en cada organización.
La encuesta revela que el clima laboral depende en
una alta proporción de la actitud del jefe: cuando
se les pregunta a los empleados de menor instrucción
y a los de alto rango para quién trabajan, en
primer lugar aparece el nombre del jefe. El sondeo pone
de relieve que aún predomina una cultura paternalista
y que en la mayoría de los casos se prefiere
el tono imperativo del jefe a la anomia.
"La relación con el jefe es clave, ya que
es uno de los factores que más explica el grado
de satisfacción o de rechazo del personal hacia
la empresa. En Estados Unidos, por ejemplo, no existe
una cultura tan paternalista como en la Argentina. Allá
la gente trabaja más para la organización;
aquí, para su cara visible. Es decir, "el
jefe", apuntaron en RHO.
La encuesta también indagó entre los
dueños de las compañías que dejan
sus negocios en manos del jefe. Para ellos el jefe es
quien obtiene resultados para la empresa, sus accionistas
y los clientes y puede hacer sustentable la empresa
en el largo plazo.
En RHO remarcaron que si los dueños de las compañías
piensan de esa manera, "significa que en la Argentina
el liderazgo está atado a resultados concretos.
Se responde al viejo paradigma, el de los líderes
estratégicos, cuando las organizaciones también
requieren líderes vinculares, es decir los que
pueden construir lazos con la gente, que también
es el motor de las compañías".
Hay diferencias marcadas según a quién
se consulta en cada empresa. Los empleados más
instruidos (profesionales) van haciendo su propia carrera
conscientes de que ya no se trata de escalar posiciones
en una misma empresa sino de ir buscando los ascensos
a través del pasaje por varias compañías.
Así se notan picos, valles y caídas en
el rendimiento individual de los que ocupan posiciones
altas.
Los operarios que carecen de la movilidad como opción
para hacer carrera son más constantes en su rendimiento
y creen que el crecimiento (pasar a otra categoría)
se da en el seno de la misma compañía.
La encuesta investigó cómo se consiguen
los resultados; si a través de la gente o de
los procesos o métodos de producción.
Y se notó un cambio: crece la tendencia a percibir
que los mejores resultados se obtienen a través
del equipo de trabajo. También saltaron grandes
diferencias en el estilo de conducción según
se trate de empresas industriales y de servicios. Las
industriales se muestran más orientadas a resultados
y están acostumbradas a trabajar con objetivos
concretos.
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