Este es un cuestionamiento que sólo el hombre puede
formularse, dado que es el único ser viviente que posee
la facultad de razonar, de discernir y por ende la capacidad
y la posibilidad de elegir y de evolucionar psíquica
y espiritualmente.
Esta pregunta nos coloca frente a una respuesta de
connotaciones absolutamente subjetivas, vinculadas a
otras tantas circunstancias que también responden a
un tiempo y a un "tempo" individual, a la situación
particular, al nivel de consciencia adquirido a través
de todas las circunstancias vividas o por vivir todavía.
Lleva consigo otras tantas preguntas como por ejemplo:
¿Vivir es lo mismo que existir?
¿El sentido para el "yo" es el mismo que para el "ego"?
¿El nacer confiere sentido a nuestra vida por el sólo
hecho de haber nacido?
Los hijos, como fruto de nuestra vida, el ser que
amamos, todo lo que hacemos: ¿encierran un sentido
en sí mismos para nuestra vida?, y otra pregunta más:
¿Hay un sólo sentido a lo largo de nuestra existencia,
lo vivenciamos, lo reconocemos, que indicador nos
pone la lúz sobre él?
Podemos analizar la vida a través de varios aspectos:
El biológico
El operativo
El trascendente
Estos tres aspectos nos colocan frente a tres o
más conclusiones de profunda significancia.
En primer lugar, sin lugar a duda la vida no trasciende
de sí misma en longitud, es decir en el sentido
de su duración, una vida podrá ser corta o larga
y el valor de la misma dependerá de lo que realice
en su duración y de los valores inherentes a los
que apunte para desarrollar según la situación por
la que atraviese esta existencia. Pero en cualquier
caso, la vida, si tiene un sentido lo conservará
o, en caso de no tenerlo no lo adquirirá por más
que dure ilimitadamente. Los valores a elegir serán
en algunos casos: valores creadores, en otros vivenciales
o simplemente de actitud. Una misma existencia puede
transitar por todas estas fases según las posibilidades
que la situación le presente en un momento determinado.
En base a ésto, ¿ podemos pensar en una vinculación
entre el sentido de la vida, de la muerte, y hasta
de la inmortalidad?
Desde mi perspectiva, sí. Porque aquí aparece el
otro aspecto de esta vida que es: lo hecho, lo creado,
lo dejado y lo transmitido.
La importancia del sentido de la vida no reside
en la importancia de la obra que se realice, sino
de la actitud, de la convicción, de la calidad,
del amor que lleva consigo todo lo realizado.
En estos términos, sí podríamos hablar de trascendencia.
El hombre puede trascender hasta de su propio destino,
que es el que lo llevará a descubrir las virtudes
que deberá desarrollar en función de las cuales
encontrará el verdadero sentido de su vida. Porque
el hombre puede adueñarse de su destino precisamente
desde su libertad, logrando que su pasado no sea
algo determinante de su futuro sino viviéndolo como
un elemento que le permita conocer mejor su presente.
Es infinitamente importante comprender que dentro
del marco de su propio destino único y exclusivo,
cada ser es insustituible. Su destino le es propio
y le pertenece a él y a nadie más, y todo lo que
haga o realice, dignifique o desaproveche será también
su responsabilidad única e intransferible.
No se puede concebir la existencia sin esta responsabilidad
individual. Cada ser deberá entender que nadie vendrá
al mundo con sus mismas posibilidades o para hacer
lo que a él le compite. Su destino es único y no
se repite.
Este lugar único e irrepetible confiere a cada
individuo la posibilidad de llevar a cabo una misión
y no cabe duda de que la consciencia de poseer una
misión en la vida y descubrirla, conlleva un enorme
valor psicológico.
Tampoco hay duda de que nada ayuda más al hombre
a vencer o soportar las dificultades que se le presentan,
como la consciencia de tener una misión que cumplir.
Esta misión cuando se la concibe como algo personal
e intransferible confiere a la vida también un valor
único y trascendente. Esto explica la frase de Nietzsche
que resume todo sobre este tema:
"Quien dispone de un por qué vivir es capáz
de soportar casi cualquier como".
Este como, pasarían a ser las circunstancias que
se pueden sobrellevar en justificación de ese por
qué vivir.
Dice Victor Frankl: "Si el hombre maldice su
destino, es decir, aquello contra lo que nada puede,
y según él no tiene responsabilidad ninguna ni culpa
es porque no llega a comprender el sentido del destino".
Aquí nos vamos acercando a otro concepto que es
el sentido de la propia responsabilidad y la posibilidad
de ejercerla o no.
Podemos formular otra pregunta:
¿Descubrir ésto nos permite ser mas felices?
¿Qué lugar ocuparía la felicidad entendiéndola
como sentido en sí mismo de la vida?. O dicho
de otra manera:
¿La felicidad puede darnos el sentido de la vida,
o ésta es una consecuencia de un hallazgo superior
o trascendente?. Y si así fuere:
¿Cuándo o por medio de qué el ser humano logra
sentirse felíz?.
Podemos hablar de los logros cuando de persigue
un propósito y a él se llega con éxito, y aquí
formulo una pregunta qué es recurrente en mis
pensamientos y en mis reflexiones.
¿Qué es el éxito?. También hay diferentes respuestas
para ésta pregunta en función de los valores que
se privilegian en pos de ésta búsqueda.
Por eso para cada ser existirá siempre también
una distinta concepción de éxito y fracaso.
Aquí en el curso de nuestra vida aparece el abanico
de las distintas posibilidades de elección que nos
conducirán por un camino u otro en función exclusivamente
del grado de evolución que se aspire o se ambicione
lograr.
No es lo mismo aspirar que ambicionar. Se puede
ambicionar en éxito concebido en llegar a un determinado
objetivo o meta, o se puede aspirar a lograr un
elevado grado de consciencia de evolución, enmarcado
en valores de una alta espiritualidad. El aspirar
tiene que ver con el ser , el ambicionar está vinculado
con el poseer.
Para el hombre, la concepción de éxito o del fracaso:¿es
siempre la misma?
Este, ¿nace y se descubre agraciado por este don
o marcado por su ausencia?.
Y es aquí, en el curso de nuestra vida que aparecen
los abanicos de las infinitas posibilidades, cuya
elección depende exclusivamente del grado de consciencia
de la evolución a la cual se desea llegar.
El hombre siempre afronta la vida como un exámen
de capacidad en el que no importa tanto cuánto haga,
sino con cuánta dedicación realice lo que haga.
"Intenta cumplir con tu deber y sabrás entonces
lo que habrá en tí.
¿Y cuál es tu deber?, sencillamente lo que el
día reclama" (Scheler).
Otra disyuntiva se presenta muchas veces. ¿Desde
dónde sé qué es lo que me toca hacer?. ¿Qué parte
de mi yo debe responder a esta pregunta para saber
que no he equivocado el camino?
Mi mente me dirá seguramente con más firmeza y
objetividad que es lo que debo o lo que me conviene
o hasta lo que yo supongo que quiero desde ese lugar.
Pero si la misma pregunta la formulo a mi otro yo
escencial, si yo escucho mi voz interior, la que
mi corazón me dicta, puede ser que la respuesta
sea otra, y aquí seguramente la aparición del sentimiento
de felicidad o infelicidad vinculado con el debería
o me convendría, versus me encantaría, será mucho
más explícito, porque el corazón es el que siente,
la mente piensa y puede pensar bien o mal, pero
el corazón no se equivoca en lo que quiere.
Volviendo a la pregunta inicial, desde el corazón:
¿cuál es el sentido de la vida?.
Como dije al principio, esta respuesta será individual
y subjetiva, pero si pensamos en niveles trascendentes,
la respuesta para mí será sin duda llegar a descubrir
la misión que cada uno ha venido a cumplimentar
en esta vida, porque cada persona representa algo
único y singular, que se produce una sóla vez. También
como he dicho, ésta misión sólo le pertenece a cada
uno, y es desde el yo central que cada uno también
deberá encontrarla y llevarla a su fin, porque cuando
se la concibe como algo personal e intransferible
confiere a la vida un valor único, trascendente
e irrenunciable.
La citada frase de Nietzsche, da a entender que
el cómo de la vida, es decir todas las circunstancias
por las cuales se atraviesa queda relegado a un
segundo plano, porque el haber encontrado un por
qué es mucho más significativo que cualquier
circunstancia adversa que tengamos que vencer o
soportar. Ernest Heminguay en su libro Adiós a las
armas dice:
"El mundo quiebra a todos y después algunos
se tornan más fuertes en las partes rotas".
Quisiera concluir diciendo: que el sentido de la
vida, el hombre desde su capacidad, desde su responsabilidad
y libertad puede encontrarlo hasta superando todas
las limitaciones de su determinismo biológico, psicológico
y sociológico. Puede alcanzarlo desde una profunda
reflexión consigo mismo, en cualquier momento, a
través de una circunstancia o quizás nunca.
El descubrir cual es nuestro lugar en el mundo
y que es lo mejor que podemos hacer en él, nos permitirá
entender el curso de nuestra vida, descifrar muchos
interrogantes que de otra manera nos sería muy difícil
comprender, nos dará valor para sobrellevar las
dificultades, pero por sobre todo dignificará y
resaltará de un modo diferente y único nuestro que
hacer, nuestro dar, nuestro amar y nuestro vivir.
Viviana Savonuzzi.
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