“Cualquier religión es aproximadamente tan buena como las demás. No hay ninguna en la que no se pueda llegar a ser un sabio, ni ninguna que no pueda ser practicada como la idolatría más tonta. Pero en las religiones se ha acumulado casi todo el saber real de la humanidad, sobre todo en las mitologías, cada una de ellas es una llave para el corazón del mundo.
Hermann Hesse
Vamos a considerar algunos aspectos que son sobresalientes en los templos cristianos.
En principio digamos a este respecto, que en la actualidad y desde hace unos 600 años, la construcción de los mismos ha sido realizada con ninguno o muy poco conocimiento en lo que tiene que ver a su eficaz realización.
Hemos dicho 600 años no por algo que se nos antoja caprichoso, sino porque es el momento en que la Iglesia se separa del poder Espiritual y adopta el poder temporal.
Si bien los intereses de la iglesia fueron cuidados desde hace mucho más tiempo atrás.
El conocimiento en muchas cuestiones trascendentes se fue retirando hasta desaparecer. Y esto no ocurre como una formula mágica, sino que el secreto o saber natural y verdadero se oculta por si mismo, solo desaparece de las manos que lo relegan.
Hay aspectos a considerar que son de tamaña significación a la hora de construir:
La elección del lugar, no se levanta un templo en cualquier lugar, por lo menos los antepasados constructores, evaluaban las corrientes telúricas y los pasajes subterráneos de algún río, la elevación del terreno y la calidad del suelo.
Luego se realizaba el plano en donde evaluaban el alto el largo y el ancho, para este menester desarrollaban complejos cálculos y se valían de una herramienta prácticamente olvidada o desconocida en la actualidad, el Arqueómetro (es una herramienta que tiene la cualidad particular de servir a todas las artes; es al mismo tiempo la clave de la escala sonométrica del músico, la gama de los colores del pintor, y la clave de las formas del arquitecto).
Hay otras herramientas que contribuían directamente a la construcción además de tener toda una acepción simbólica, como la cuchara de albañil, la plomada, la escuadra, el compás, etc.
Otro ejemplo es la orientación de la puerta de entrada. Es fundamental que el sol del medio día entre por ella. En la antigüedad se ha considerado hasta la desviación de la rotación del eje terrestre para ello. Se calculaba el ángulo preciso para su dirección.
La Catedral Gótica de Nuestra Señora de Notre Dame está orientada a 26º 1’ Norte.
El primer símbolo que se nos aparece es justamente la puerta de entrada al Templo, es el pasaje de lo profano a lo sagrado.
El atrio forma parte o es complementario a el, al cual se le agrega la figura del portero, este personaje, existía en la antigüedad y su tarea era de muy grande importancia, estaba cualificado para admitir o negar el ingreso de las personas al Templo.
Era el primer obstáculo o prueba a sortear. Pero sólo se podía ingresar al Templo una vez realizadaza la iniciación o bautismo.
Lo interesante de esto, es que en la actualidad, el baptisterio y la pila bautismal están resumidos una con la otra, y se encuentran dentro del Templo.
Cuando en la antigüedad remota, el baptisterio, generalmente levantado junto al Templo principal, podía ser constituido por un único ambiente que contenía la pila bautismal, o bien podía disponer de varias dependencias cuya función, si bien no es determinable con certeza, parece haber sido la de acoger los diversos ritos y las múltiples fases que componían la ceremonia bautismal.
Hay que destacar que el rito de iniciación o bautismo se debe efectuar fuera del Templo, y además debe de ser la elección del discípulo o alumno. Este es un tema para desarrollar.
El cuerpo de Cristo es el símbolo de la Iglesia, es el templo Cristiano. El edificio sagrado representa ante todo a Cristo sobre la tierra, al mismo tiempo simboliza al Universo construido con sustancias visibles e invisibles, y finalmente el hombre en sus diversas partes.
El plano de una catedral se compara con la forma del Crucificado, su cabeza corresponde al ábside, los dos brazos extendidos, el transepto, el tronco y las piernas descansan en la nave y su corazón se sitúa en el lugar del altar mayor.
A partir de lo expuesto, daré mayor difusión a lo que respecta al Altar, el Octógono, la Cúpula y la Puerta Estrecha, que forman en ese orden el Camino al Cielo. Esto que acabo de escribir es de suma importancia y muy pocas veces dicho de esta manera.
Retomando lo que dijera más arriba, el iniciado o bautizado, puede entrar ahora al Templo, para ello debe subir (y esto debe de ser así) las escaleras, al traspasar la puerta se enfrenta con un camino que lo conduce hasta el Altar, para ello debe transitar esa distancia, tomando todo lo que el camino tiene para ofrecerle, allí hay mucho que aprender y crecer espiritualmente, y como ser Humano.
En este camino al Altar, hay otra figura simbólica dibujada en el piso, la cual cual también deberá recorrer, es el Laberinto. Se desarrollará este tema en la clase.
Hay un símbolo que es más que significativo a este respecto y es el Crismón. Este tema también se desarrollará en la clase.
El Altar puede ser rectangular, redondo o cuadrado, hecho en materiales nobles y debe reposar sobre una base cuadrada llamada bema, aquí tenemos el simbolismo del cuadrado. Se lo coloca justo debajo de la Cúpula, y entre ambos se podrá ver el octógono, figura esta, que une a ambas.
El octágono como simbolismo, es la cuadratura del círculo, o la circunvalación del cuadrado, o sea que es la unión de ambos, del Cielo el círculo y la Tierra el cuadrado. Y sobre ambos o ya uno solo, se encuentra un agujero en la cima de la cúpula, que se la conoce como la puerta estrecha, que es exactamente allí, en donde termina el camino de todo ser humano, se dice que al traspasarlo, se ha llegado al Cielo.
A mi manera de sentir, todo esto, entiendo que los constructores han puesto en las piedras y en la forma, lo que se debería haber forjado en las almas de las personas. Pero tampoco ellos han tenido toda la responsabilidad con esto, pues el contexto historico de aquel momento fue consecuente y estuvo de acuerdo. El templo es uno y hay que saber como tratarlo.
Lo exterior, el templo, el símbolo, el jeroglífico, estaba confiado a los Maestros constructores. En cambio los profetas estaban al cuidado de lo interior y su ocupación ha sido siempre la de reconducir al extraviado. Los constructores se ocupaban de los emblemas y los profetas de las verdades contenidas en ellos.
José María Panebianco.
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