Templo, de medidas celestiales,
tu cuerpo es perfecto y tu voz es un estruendo.
Contenedor de ojivas, vidrieras y figuras,
tu color es sombrío. sin embargo impactas.
Solo en ti puede la piedra hablar,
y comunicas mensajes escritos
por los maestros que te construyeron.
Templo, eres una fantástica biblioteca pétrea,
que albergas bellas y amorfas figuras
que son las páginas de tu ardiente libro.
Calculada esta la luz que por tus vidrieras entra,
así como también lo esta tu Puerta.
Y en tu piso laberintos hay, que llevan al peregrino,
a encontrarse con si mismo.
José María Panebianco.
30/04/2004
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