Corazón
Un hombre le ofreció a su hija de doce años
una propina si cortaba la grama del jardín. La
muchacha puso manos a la obra con todo entusiasmo, y
al anochecer había quedado perfectamente cortada
toda la grama... a excepción de una de las esquinas
del jardín. Cuando el padre le dijo que no podía
darle la propina convenida, porque no había cortado
toda la grama, ella le replicó que no le importaba,
pero que no cortaría aquel trozo de césped.
Intrigado por conocer el motivo, el padre se acercó
a examinar el lugar en cuestión y vio que, justamente
en el centro de la zona que había quedado sin
cortar, había un enorme sapo. La muchacha había
sentido demasiada compasión como para atropellarlo
con la máquina de cortar grama.
Pretensión
Un hombre muy rico decidió hacer realidad el
sueño de toda su vida: dirigir una orquesta.
Para ello contrató a un percusionista, a tres
saxofonistas y a veinticuatro violinistas. En el primer
ensayo dirigió tan penosamente que el percusionista
sugirió a los demás músicos la
idea de largarse todos. Pero uno de los saxofonistas
dijo: - «¿Y por qué marcharnos,
si nos paga estupendamente? Además, algo sabrá
de música». En el siguiente ensayo, el
director era sencillamente incapaz de llevar el ritmo.
Con lo cual, el percusionista se puso a golpear los
instrumentos con furia. El director golpeó el
atril con su batuta para imponer silencio, miró
ferozmente a los músicos y preguntó: -
«¿Quién ha sido?».
Así somos...
Un hombre viajó del interior del país
a Caracas, para visitar a un pariente que vivía
en Catia. Cuando se bajó del autobús que
lo dejó en la estación, se paró
en la acera a esperar algún vehículo que
lo llevara a Catia. Pasaban carros para La Pastora,
para Petare, para el Cementerio, para San Agustín,
y nada de pasar alguno para Catia. Pasaban para Chacaíto,
para Las Mercedes, para La Trinidad, y ninguno para
Catia. Así tranascurrieron las horas. Y el Hombre
estaba ya desesperado. Entonces se acercó a un
transeúnte y le preguntó: - Por favor,
señor. ¿cómo hago yo para ir a
Catia? Llevó aquí varias horas y no pasa
ningún trasnporte en esa dirección. ¿Qué
sucede?. - Lo que sucede, amigo -respondió el
otro- es que Ud. está en Catia.
Sinceridad
Un rito de la iniciación de los misterios eleusinos
consistía en tapar con cera los oídos
del iniciado, vendar sus ojos y dejarlo solo en una
cámara oscura donde se le había dicho
oiría voces secretas y vería resplandores
extraños que luego debería describir a
sus maestros. El deseo de satisfacer a las preguntas
y conseguir la iniciación llevaba a algunos candidatos
a describir sonidos y luces reales o imaginados. La
verdadera respuesta que los maestros de la iniciación
aguardaban con paciencia era que, fuera de los sonidos
huecos de un cuarto solitario y del juego permanente
de luces y sombras en los ojos cerrados, no había
habido comunicación extraordinaria alguna. La
sinceridad es el primer requisito para la admisión.
El fingir no lleva a ninguna parte.
Codicia
Un pordiosero se encontró, en la plaza, nada
menos que a San Martín de Porres.
- «¿Qué andas haciendo, San Martín?».
- «Conociendo a Venezuela, que es un bello país».
- «Ay, negrito milagroso, yo soy muy devoto tuyo,
¿por qué no me das una buena limosna?».
- San Martín tocó con el dedo una piedra
que de inmediato se convirtió en oro. - «Toma,
te la regalo».
- «Es muy poco, San Martín, de una vez
sácame de pobre». Entonces el santo tocó
la estatua de Simón Bolívar que se convirtió
en un monumento de oro macizo.
- Todavía es muy poco, San Martíncito».
- «¿Qué más deseas, entonces?»,
preguntó sorprendido el milagroso santo.
- «Quisiera tu dedo», contestó el
otro.
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