Para conseguir alimentarnos de forma saludable debemos
cuidar que nuestros hábitos alimentarios sean
los correctos. Tan importante es proporcionar a nuestro
organismo los nutrientes que necesita como hacerlo de
la manera apropiada; sólo así se consigue
mantener un óptimo estado de salud y obtener
un máximo rendimiento físico e intelectual.
Los resultados aportados por un estudio realizado entre
1998 y 2000, sobre una población de 3.534 niños
y jóvenes, muestran que sólo un 26% de
este colectivo realiza un desayuno adecuado y un 8,2%
incluso no desayuna. Estos datos, realmente preocupantes,
revelan que casi la mitad de la población de
niños y jóvenes desconoce la importancia
del desayuno y su relación con el óptimo
crecimiento y desarrollo intelectual.
Además, permiten deducir que los familiares
y personas de su entorno cercano tampoco conocen dicha
relación o al menos no son conscientes de su
importancia.
Pero los objetivos no sólo se deben basar en
el mero propósito de conseguir un buen rendimiento
físico o escolar, sino también en familiarizar
a los más jóvenes con hábitos alimentarios
correctos que les permitan disfrutar de una amplia gama
de alimentos saludables y les prevengan de enfermedades
como la obesidad, caries, problemas cardiovasculares,...
relacionadas en gran medida con un tipo de alimentación
incorrecta.
El desayuno es de suma importancia para nuestro organismo.
Después del ayuno nocturno, la falta de nutrientes
contenidos en los alimentos (hidratos de carbono, grasas,
proteínas, vitaminas y minerales) podría
ocasionar importantes trastornos en nuestro organismo,
trastornos que se harían más serios conforme
se prolongara el periodo de ayuno.
El desayuno es el combustible inicial y debe asegurarnos
el aporte de nutrientes a través de los alimentos
para proporcionarnos la energía necesaria para
afrontar bien el día.
Después de 10 ó 12 horas sin recibir
ningún alimento, la insana costumbre de tomar
un simple café al levantarse y aguantar sin comer
hasta la hora del almuerzo, o el simple hecho de no
desayunar, influyen negativamente en nuestro rendimiento
y concentración.
Un desayuno sano y equilibrado.
Un desayuno saludable es aquel que aporta cerca de la
cuarta parte de las calorías consumidas diariamente.
El desayuno ideal se debe dividir en una toma a primera
hora de la mañana y otra a media mañana,
para repartir las calorías y mantener estables
los niveles plasmáticos de glucosa. Entre el
desayuno y la ingesta de media mañana se deben
incluir básicamente tres grupos de alimentos:
Cereales: pan, cereales, galletas.
El pan, sobre todo integral, es un alimento ideal y
casi imprescindible en el desayuno debido a su alto
contenido en hidratos de absorción lenta, fibra,
sales minerales y vitaminas del grupo B. Una opción
muy saludable es añadirle un poco de aceite de
oliva. Los cereales son muy aceptados por los más
jóvenes y además de trigo, arroz, maíz
y avena, llevan adicionados azúcares, miel, chocolate
o caramelo. Una ración suele cubrir una parte
importante de las ingestas recomendadas de vitaminas
y minerales para un individuo sano y, dado que estos
productos se suelen ingerir con leche, el alimento resultante
es de gran valor nutricional.
Lácteos: leche, yogur, queso,
cuajadas, etc. Los productos lácteos fundamentalmente
aportan proteínas y aseguran la cantidad diaria
necesaria de calcio. Asimismo contienen vitamina A,
D y vitaminas del grupo B. En caso de estar a dieta,
se aconseja tomarlos desnatados o bajos en grasas.
Fruta: La fruta es rica en hidratos
de carbono de absorción rápida, agua,
minerales y fibra pero, además es una estupenda
forma de proporcionar a nuestro organismo la dosis diaria
de vitaminas que necesita, sobre todo de vitamina C.
Una excelente manera de consumirla es tomar zumo de
naranja natural y recién exprimido para comenzar,
ya que además del aporte de vitamina C, ayuda
a regular nuestro intestino y refuerza las defensas
de nuestro organismo. Hemos de tener en cuenta que la
fruta entera aporta una cantidad de fibra que no aporta
el zumo.
Se aconseja asimismo invertir entre 15 y 20 minutos
para desayunar y hacerlo sentado alrededor de una mesa
y en compañía. Estos factores parecen
ser decisivos para lograr un desayuno de calidad. Evidentemente
el tiempo empleado para desayunar es uno de los condicionantes
más importantes para que el desayuno sea adecuado.
Generalmente cuando se dedica menos tiempo, la calidad
del desayuno suele ser menor. La compañía
es fundamental, sobre todo en el caso de los niños.
Se ha comprobado que la calidad del desayuno aumenta
con la presencia de un familiar que acompañe
al niño en dicha comida.
Desayunar en la mesa y en familia aporta además
otras ventajas. La hora del desayuno es el momento idóneo
para que los padres den ejemplo a sus hijos y le enseñen
lo que significa comer saludablemente y éstos
vayan adquiriendo la práctica diaria de realizar
un buen desayuno. Además, desayunar tranquilamente
con la familia hará que empecemos con buen ánimo
nuestra actividad diaria.
3. Ventajas de un buen desayuno
Mejora su estado nutritivo.Un buen desayuno ayuda a
tener ingestas más altas de la mayor parte de
los nutrientes que el organismo precisa a lo largo del
día. Los niños y jóvenes que no
desayunan suelen tener una dieta de peor calidad, mientras
que quienes lo hacen adecuadamente, suelen hacer una
dieta menos grasa, más rica en hidratos de carbono,
fibra, vitaminas y minerales.
Controla mejor su peso. Curiosamente, la costumbre
de no desayunar, o el hecho de realizar un desayuno
deficiente, favorece la aparición de obesidad,
y no la combate como piensa la inmensa mayoría
de la gente.Estudios científicos han demostrado
que la grasa corporal disminuye en ambos sexos al aumentar
el porcentaje de calorías en el desayuno. Además,
el hecho de fraccionar las calorías diarias en
4 ó 5 tomas evita sobrecargar las comidas y permite
un mejor reparto de la energía durante el día.
Evita el picar entre horas, algo muy importante a la
hora de controlar el peso, y reduce el riesgo de un
aumento de colesterol y de déficits de vitaminas
y minerales.
Mejora el rendimiento escolar, físico e intelectual.
Si no se desayuna, el organismo pone en marcha una serie
de mecanismos (descenso de la insulina y aumento de
cortisol, catecolaminas*) para mantener los niveles
de glucosa en sangre. Estos cambios hormonales pueden
alterar o condicionar la conducta e influir negativamente
en el rendimiento físico y escolar.
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